Ralph Roeder, en Juárez y su México, reúne a don Benito y a Margarita; los funde en esencia y pensamiento y en síntesis afirma: “No había reverso de la medalla: la gura era idéntica por ambos lados, en alto y en bajo relieve. Juárez y Margarita formaron una pareja ejemplar. Unidos indisolublemente por un solo concepto de lealtad, honor, patriotismo y amor, compartieron durante 28 años de matrimonio, primero, periodos de tranquilidad, pero después persecución, huidas, angustias, temores y travesías”.
La historia de amor de Benito y Margarita se dio en circunstancias muy particulares. Entre la servidumbre de la familia Maza, una de las más encumbradas de Oaxaca, se encontraban dos indígenas de la región, Tiburcio Maldonado y su esposa, María Josefa Juárez, hermana de Benito Pablo, quien siete años y tres meses antes de que naciera la niña Margarita, llegó a Oaxaca, procedente de San Pablo Guelatao, siendo apenas un niño de 13 años, huérfano. Antonio Maza lo empleó, asignándole como pago dos reales diarios más enseñanza. ¿Quién le iba a decir a don Antonio que su buena acción no sólo marcaría el inicio de una educación que llevaría muy lejos al pequeño indígena sino que la beneficiaria para bien o para mal sería su hija Margarita? Como se sabe, Benito destacó en los estudios, hizo la carrera de abogado y se convirtió en un intelectual. Siendo aún estudiante incursionó en la política en donde empezó a destacar por su sed de saber, su amor al estudio y sus ideas avanzadas. La familia Maza siguió con admiración la carrera de este muchacho, ya famoso en Oaxaca, que gracias a su inteligencia y tenacidad logró abrir un despacho superando toda clase de vicisitudes por su humilde origen, por lo que ni don Antonio ni su esposa vieron mal que le hiciera la corte a Margarita Eustaquia Maza Parada.
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