Tomado del libro "Con sabor a patria. Historia y recetario de chiles en nogada"
De martha Chapa y Alejandro Ordorica
Un ejemplo de la riqueza de la tierra poblana son los chiles en nogada, grito de colores, alegoría de nuestra identidad, que requieren de una preparación elaborada y precisa. Su fama ha trascendido nuestras fronteras y se han tejido un sinfín de leyendas a su alrededor.
Por todas estas razones, se han convertido en una tradición sublime de nuestra gastronomía. Un platillo que engalana nuestras mesas durante los meses de agosto y septiembre, con un sabor que va más allá del buen gusto, alcanzando un nivel de exquisito refinamiento. Ahora, con técnicas novedosas y modernas de refrigeración, es posible alargar este placer en distintas épocas del año, pero yo prefiero concebirlo y acceder a su original sabor en nuestras fiestas patrias.
La temporada empieza, para ser exactos, el 28 de agosto, día en que se festeja el patrono de san Agustín, nombre que lleva ese polémico personaje histórico que incidió en la consumación de la Independencia: Agustín de Iturbide, de quien se dice que en su honor fue preparado este platillo por primera vez, pues la leyenda cuenta que surgió hace más de 188 años en el pródigo estado de Puebla para celebrar al jefe del Ejército Trigarante.




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