Guadalupe Loaeza
Casarse con alguien fuera de su confesión religiosa ya no es gran cosa en los Estados Unidos, tampoco lo es hacerlo con una persona de otra generación. Cerca del 4% de los matrimonios es interracial, ni siquiera los abuelos se sentirán abrumados si un estadounidense se casa con alguien de otro color. Mientras las viejas prohibiciones se desvanecen, una nueva ocupa su lugar. Es una discriminación extendida aunque poco comentada que provoca dolor y estrés a las parejas afectadas, a quienes habitualmente se les dificulta hablar acerca del asunto aún entre ellos mismos. Nos referimos, a casarse con alguien totalmente alejado en lo que se refiere al “look” o al aspecto físico, es decir formar una pareja dispareja, tan opuesta físicamente, como resultaba La Bella y la
Bestia o Agustín Lara y María Félix, quien muchos años después confesara en relación al físico del músico poeta: “Seguro que nunca ganaría un concurso de belleza, pero yo lo veo guapo. Y todos los que me cortejaron en vano deberían envidiarle. La belleza no está solo en el aspecto físico, en tener una cara atractiva. Un hombre guapo es un macho con palabras de amor… Y además Agustín, como amante, es una maravilla…”




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