Sol o no sol: En México, entre las clases altas, exponerse al sol era un peligro mayor. Significaba quemarse y tener la piel morena. ¡Qué horror!, ser prieto y estar identificado como perteneciente a la raza de bronce era, socialmente, inaceptable. Además, los rostros curtidos eran un signo de la gente que trabajaba y estaba expuesta al sol. Y, precisamente, por eso entre la gente bien no era bien visto estar quemado por el sol. Por eso, se tomaba toda clase de precauciones para que el sol no las tocara. Mis hermanas mayores me cuentan que cuando eran chicas y salían a jugar al jardín, mi mamá grande mandaba a la nana con una sombrilla para protegerlas de los rayos del sol, no porque estuviera consciente del daño que podría sufrir su piel, sino para que no se fueran a poner morenas. Cuando iban al Country Club de Churubusco siempre tenían que portar sombreros de paja y si se metían al tanque, como decía mi mamá, sólo podían hacerlo en donde hubiera sombra.
No olvidemos que el concepto de belleza femenina era muy diferente al que tenemos ahora. Las pieles claras, casi pálidas, eran el ideal. La moda de estar morena surgió en el siglo pasado con la liberación de la mujer y los nuevos usos sociales que permitían a mujeres y hombres disfrutar del aire libre y del deporte, lo que unido al hecho de que el sol dejó de asociarse al mundo del trabajo influyó de manera decisiva. Sin embargo, en México, esa moda pegó mucho más tarde. Recuerdo que cuando mi hermana mayor iba a contraer matrimonio a finales de los 50, mi mamá le prohibió que fuera a Acapulco días antes de su boda. No fuera que ese día luciera con la piel quemada.
Debo decir que de su luna de miel regresó totalmente morena. Aunque recuerdo que las señoras que conocía yo de la generación de mi mamá incluyéndola a ella, nunca se broncearon. No obstante, las hijas nos fijamos en las modas provenientes de Europa. Igual que la ropa, el bronceado era un síntoma de la época. Evoco a Brigitte Bardot, ídolo de la juventud de los 60, gran adoradora del sol, quien liberada de los tabúes y convencionalismos de su medio, descubre la Dolce Vita, el sol, el aroma de los pinos mezclado con las flores de naranjo y eucaliptos en Cap Myrthes, en la Costa Azul.
Hoy por hoy, tal parece que existe un mandato no escrito de belleza femenina: Si bella quieres verte, broncearte es tu deber. En México, con tal de estar a la moda se ha superado el prejuicio racista de no verse morena. Las niñas bien lo tienen muy razonado. Mira, me dijo una sofisticada chica totalmente bronceada, no es lo mismo ser morena que estar bronceada, como yo, que es algo temporal y voluntario. Además, se nota que estoy bronceada, mi dinero me costó.

Últimos comentarios
Traer o no los restos de Porfirio Díaz
Traer o no los restos de Porfirio Díaz
Traer o no los restos de Porfirio Díaz
La tumba de Porfirio Díaz
Traer o no los restos de Porfirio Díaz