Ya que estamos en Septiembre, el mes de la Patria, quiero dedicar los siguientes artículos a hablar de los hábitos y costumbres que son muy mexicanos. estos textos están publicados en el libro "El ABC de los mexicanos". Aquí publicaremos algunos, que consideramos están muy arraigados a la idiosincracia y forma de ser de nosotros los mexicanos .A pesar de que ya tenemos acceso a todas las culturas, modas y al mundo ilimitado de Internet, los mexicanos seguimos fieles a nosotros mismos.
Empezaremos por la expresión : Irá.
"Ira, ira": Más que estar poseído por la cólera, o encenderse por alguna situación de sumo desagradable, la palabra "ira" en este caso en realidad quiere decir "mira". Hay que decir que es la gleba la que más solía emplearla. Por ejemplo, en las películas de Cantinflas o de Chachita (Evita Muñoz), los protagonistas recurrían a ella, como expresión, a la menor provocación. Por ejemplo, cuando el Pichi (Fredy Fernández), novio de Chachita, quería impresionarla, ésta le decía: "Ira, ira...", como diciéndole: "Bájale la crema a tus tacos", es decir, no exageres. También se empleaba para señalar algo inesperado: "Ira, ira ese 'mango' que está pasando por el puesto de periódicos", lo cual quería decir: "Mira a esa mujer tan guapa que está pasando por el puesto de los periódicos".
El sábado pasado me reuní con Sergio en la casa Lamm; allí en medio de una mañana muy asoleada me hizo entrega de una cajita que para mí ya es mágica, ya que contiene efectivamente las 700 melodías de 620, es decir, toda mi nostalgia de la adolescencia y parte de mi adultez. Nunca se imaginará mi amigo Sergio el enorme gusto que me provocó su gesto tan generoso. Cuando llegué a mi casa, curiosamente el primer CD, Vol IV que abrí, traía entre “Nihgt and day” interpretada por Eddy Duchin, y “I’m Sorry” de los Platters, una de las melodías que más recuerdos me provoca de la época de mi infancia: “El Tercer Hombre”, la música de la película del mismo nombre, basada en un guión de Graham Greeene y dirigida por Carol Reed. Este filme de 1949, fue sin duda el mayor éxito comercial en vida, de Orson Welles, no obstante él aparece muy poco en la cinta, aunque sus apariciones son inolvidables gracias a su discurso sobre los Borgia y a la reflexión que hace acerca del reloj de cucú, cuando afirma que es la única aportación interesante que ha hecho Suiza al mundo.
Tendría yo diez años, cuando mi madre me trajo de un viaje que hizo a Canadá una cajita de música dorada en cuya tapa dorada, aparecía dibujada la imagen de la ciudad de Viena. La tonada estaba tocada en cítara, y era precisamente la del “Tercer Hombre” de Antón Karas. Recuerdo que todo el día la escuchaba, adonde iba, llevaba mi cajita de música, me dormía con ella y cuando no la estaba escuchando, la tarareaba hasta el cansancio. Pero un día, desafortunadamente, se me perdió la cajita. Nunca supe a dónde fue a parar, por más que la busqué por toda la casa, jamás la encontré. A partir de esa pérdida tan misteriosa, cada vez que me sentía triste, recordaba aquella música que había hecho mía. No fue sino hasta muchos años después que una tarde, mientras iba en el coche con mi papá, (a quien siempre le suplicaba que cambiara su estación de Radio Universidad por la de 6.20) que volví a escuchar mi melodía consentida. Me dio tanto gusto que me puso a llorar. “Esa es, ésa es”, le decía entre sollozos. El, naturalmente, ya había leído la novela de Graham Greene y había visto la película.
Dice el director Martin Scorsesse, que el filme que más lo ha obsesionado de los que ha visto a lo largo de toda su vida, es “El Tercer Hombre”. De hecho su más reciente película, “The Departed” (Los Infiltrados) está inspirada en la película de Orson Wells. “Yo llevo dentro de mi piel The Third Man, es la película más inteligente que jamás haya visto. Además de hacerle un homenaje a Orson Wells, también se lo hago Anton Karas, ya que el fondo músical de The Departed, es una guitarra que suena como una cítara. Confieso que me obsesionó el filme de Carol Reed”
No le falta razón a Scorsesse, es cierto que el argumento de la película resulta más que fascinante. Antes de hablar del compositor de su maravillosa melodía que llegó para quedarse, hagamos un pequeño recuento del argumento de la cinta. Holly Martins (Joseph Cotten) es un escritor norteamericano que llega a Viena justo en el periodo de la posguerra. Allí descubre que su mejor amigo, Harry Lime (Orson Wells) murió en un extraño accidente de tráfico. Y entre las averiguaciones que empieza a hacer para conocer cuál fue realmente el motivo de su fallecimiento, el jefe de la policía británica, le da a entender que su amigo se había involucrado en el mercado negro de la penicilina. A Harry le intriga enormemente este asunto y empieza a investigar qué hay realmente detrás de la muerte de su amigo. La película fue rodada en London Film Sudios (Shepperton, Inglaterra) y en los exteriores en Austria. Ganó el Oscar a la mejor fotografía de Robert Kasker.
Algo que nos intriga y nos entristece a la vez es haber descubierto que en los créditos de este clásico del cine, por increíble que parezca, no existe el crédito de Antón Karas, sin embargo, los créditos de Joseph Cotten, Alida Valli en el maravilloso papel de Anna Schmidt y de la que se enamoró perdidamente, Trevor Howard, Bernard Lee, Paul Horbiger, Ernst Deutsch, Siegried Breuer, Ercih Ponto, Wilfrid Hyde-White, Hedwig Bleibtreu y Wells en el papel de Harry Lime sí aparecen. No obstante al inicio del film muestran las cuerdas de un Sitar en close-up y el instrumento se escucha constantemente a lo largo de toda la película, la cual puso en relieve la música de Karas, de alguna manera fue parte integral del diálogo. La pieza, la pequeñísima pieza, resulta frágil, festiva, agridulce, romántica, retorcida e incluso sardónica, lo cual se adapta perfectamente a la atmósfera de aquella maravillosa Viena de la posguerra. La anécdota de cómo encontró la música para la película resulta sumamente llamativa. Cuando ésta se encontraba prácticamente terminada, faltando aún el tema de la música, el director de cine decidió que no quería a Johan Strauss, pero no sabía qué usar en su lugar. Una noche Reed pasó a lo largo de un “heuriger” (taberna de vino) donde los vinicultores ofrecían directamente su vino. Allí fue donde el director escuchó a Karas tocar al fondo del local. Reed nunca había escuchado una cítara y el sonido le pareció atractivo. Se acercó a Karas y lo persuadió que tocara para él en el hotel y hacer una grabación. Una vez hecha, se la llevó al estudio. Cuando el sonido de la cítara fue escuchado como trasfondo de los diálogos, ignorando las protestas, Reed contrató a Karas y se lo llevó a Londres por 12 semanas. Karas nunca había salido de Viena de allí que de inmediato hubiera sentido nostalgia. Karas había escrito la melodía del tema del “Tercer Hombre”, 20 años atrás y jamás la había tocado en ese lapso.
Antón Karas nació el Viena en 1906, era hijo de un mecánico de coches. A la edad de 12 años, Antón empezó a tocar, un instrumento de cuerdas, vagamente similar a un “autoharp”. Cuando cumplió 15 se ganaba la vida trabajando en las tabernas de Viena y vivía de las propinas. Karas permaneció en la ciudad durante todos los años tumultuosos del ascenso de los simpatizantes nazis, la anexión de Austria con Alemania, los años de guerra y finalmente la ocupación de los aliados. Con 15 dólares a la semana sostenía a su esposa y tres hijos. Pero en la primavera de 1949 el destino de Antón Karas dio un verdadero vuelco. Curiosamente a ninguna disquera le interesó grabar este maravilloso tema, porque para ellos sonaba demasiado extraña y distinta, ya que el oído británico estaba acostumbrado a escuchar música de películas más convencional y más ligera y no un constante tintineo de una pieza musical tocada en un instrumento folklórico de Europa Central. Pero una vez que se estrenó la película, todos los disqueros estuvieron interesados en grabar el tema de la misma. Pero cuando Karas regresó a Viena y seguía viviendo de las propinas, no tenía la menor idea del éxito. No fue sino hasta cuando Decca de Inglaterra y London Records, de Estados Unidos lo contrataron para grabar el “single” (los primeros meses medio millón de copias) que se percató de lo que había hecho. Después vino un LP en cuya cubierta aparecía una silueta negra del misterioso Harry Lane en un fondo rojo. En los cincuentas Karas pudo comprar su propio “heuriger” cuyo nombre era: “The Winehouse At The Sign of the third man” A partir de ese momento, Karas nada más tocó para su placer. Existen 13 versiones transcritas en piano, en guitarra y en otros muchos instrumentos. En México la tocaba la orquesta de Juan García Esquivel. Karas inspiró a otros músicos como Ruth Welcome, Eduward G Wood Jr. Después vinieron muchas series de televisión y de radio cuyo fondo musical, era precisamente el de Karas. En los ochentas y en los noventas muchos grupos de rock la tocaban, podríamos decir que las nuevas generaciones también están familiarizadas con la pieza, pero sobre todo, con el sonido de la cítara.
Se dice que Antón Karas fue el único milagro de haber compuesto un único “hit” que circuló por todo el mundo. El tema del “The Third man” también es conocido por el nombre de “Harry Line Theme”. Muy pocos músicos han logrado con un solo instrumento oscuro y una sola melodía, encantar en el inconsciente del mundo. Karas y El Tercer Hombre hicieron para el salterio lo que George Harrison y algunas canciones de los Beatles hicieron con la “zither”. (Hay que decir que este grupo también le gustaba tocar la melodía de Karas). ¿Quién le iba a decir a ese Antón de 28 años que trabajaba en la oscuridad y que vivía tan pobremente, que un día llegaría a ser millonario gracias a su música y a la sensibilidad de Orson Wells?
Lo que nadie puede negar es que una vez que se escucha el tema del Tercer Hombre, nadie lo puede olvidar. Por cierto, ¿dónde estará mi cajita de música?
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