Fue una casualidad. El concierto de Lady Gaga no estaba en mi radar, pero gracias a mi querido amigo Ricardo (uno de mis favoritos en DC) me hice de un boleto casi de último minuto. De pronto, la posibilidad de tener un asiento disponible en la zona VIP para ver en vivo a este controversial personaje que, para bien o para mal está en boca de millones por sus canciones y sus excentricidades, fue por demás tentadora. Confieso que si se hubiera tratado de verla desde el gallinero del Verizon Center, francamente hubiera pasado. Ya no tengo el ánimo para ir a ver un espectáculo masivo con un par de binoculares como intermediarios. Pero no. Los astros se alinearon para que se diera la dupla perfecta: una buena entrada (de las miles que se agotaron desde hace meses) y mi curiosidad por ver a la nueva estrella del pop cantar y bailar en esos mega tacones de aguja y debajo de esos maxi o mini atuendos. ¿Será que se resbala con esas botas? ¿Cómo hará para que no se le caigan los tops o parches con los que apenas se cubre el pecho? ¿Canta o dominará el playback como otros? ¿Es en verdad la nueva Madonna? ¿Qué ofrecerá su espectáculo además de las canciones de su álbum debut? ¿Cruzará en su showlos límites de su excentricidad? ¿Qué tiene Lady Gaga que tiene gaga a tantos por todo el mundo?
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