Guadalupe Loaeza
Hace unos meses en uno de mis espacios de las páginas editoriales me referí a las hadas. Puesto que a pesar de todo (you know what I mean), nos encontramos en una época festiva permítanme ahora volverme a referir a estos seres maravillosos con el objeto de olvidarnos un poco de los demonios que siguen sueltos.
Fíjense que estos seres sobrenaturales, las hadas, se dejan ver en forma de diminutas mujeres con alas transparentes. Algunas de ellas llevan una varita mágica. Pero esto nada más lo hacen para amoldarse a las creencias humanas. Sean machos o hembras, suelen adoptar la forma de un humano perfecto en miniatura. Quienes los han visto dicen que tienen la altura de las rodillas de un hombre bajo o que son aproximadamente, "tan altos como la cabeza de un perro". Sin embargo, pueden aumentar o disminuir de tamaño al de un piñón o creciendo hasta la altura de un hombre. ¿Ya adivinaron de quiénes nos estamos refiriendo? Claro, a las hadas. ¿Sabían ustedes que los humanos sólo pueden ver a las hadas entre dos parpadeos de un ojo?




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