Plaza Río de Janeiro, noviembre, del 2010
Mi querido Pepe:
No te puedes imaginar el gusto y la nostalgia que me ha provocado la fotografía que me enviaste. Confieso que me gustó; me gusté mucho y evocarme así, me reconcilió con mi adolescencia, la cual creía que estaba sumida entre tinieblas y telarañas. Confieso, también que de inmediato se la reenvíe a mis hijos, a los tres y de paso a Antonia, y Natalia mi hermanas. Y por último, confieso que a mi marido le encantó la foto de su mujer a los 13 años vestida de hada. Lo llenó de ternura, a tal grado que después de verla, me cogió (en el buen término de la palabras) a besos.




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