Queridos nietos: Así como fui, por instrucciones de los tres, portadora de su respectiva carta para Santa Clos, así les pido que entreguen esta misiva a uno de los reyes magos. Gracias a su intervención, tal vez me presten un poquito más de caso que otros años. Por otro lado, temo que sigan ofendidos con su abuela por las cosas que he escrito a su respecto. Hace algunos años, osé decir que los reyes magos no eran tres ni eran reyes, ni que estuvieron en el pesebre, ya que la Biblia jamás menciona la palabra "magos" ni el número 3, ni tampoco menciona sus nombres. En otra ocasión, concluí que debido a la diferencia de sus respectivas ideologías (PRI, PAN y PRD), lo más probable es que estarían enojados entre sí y que por lo mismo su magro presupuesto había tenido que dividirse entre tres, lo cual hacía prácticamente imposible satisfacer las expectativas de las y los niños mexicanos. Pero seguramente la que más los ha de haber enfurecido de todas mis ocurrencias, fue la que me atreví a tener el año pasado, al dirigirme a tres súper reinas magas, segura de que ellas, pertenecientes al género femenino, sí harían todo por cumplir mis deseos.
Les presento el siguiente texto en homenaje a todas las abuelitas, porque ¿qué puede ser mejor que ser una abuela? No sólo es divertido mostrarle a tus amigos fotografías de las cositas más lindas en el planeta, sino también celebrar cumpleaños, festividades y presenciar el partido de fútbol o recital de piano de tu nieto. Si tenés la suerte de ser abuela o lo vas a ser en el futuro, probablemente vas a ver que tu rol no sólo es un honor y un placer sino también una responsabilidad.
Guadalupe Loaeza
Queridos nietos:
Hoy quiero invitarlos a imaginar distintas categorías de abuelas. Tal vez puedan identificar a algunas de ellas, porque les recuerde la abuelita de uno de sus amigos o porque sin querer, me estoy describiendo a mí misma. Lo cierto es que existen varios tipos de mamá grandes. La próxima vez que nos veamos, les pido de favor que me comenten, cuál fue la que más les gustó. ¡Les propongo un juego! ¿Por qué no me sugieren otros ejemplos de mamás grandes, pero eso sí, tienen que ser divertidos y muy reales? Bueno, por lo pronto, les presento estas abuelitas, a ver qué les pareceren…
Hoy quiero contarles la historia de dos reyes. Dos reyes muy enamoradosssss. Dos seres que se amaban pero que en sus tiempos no era permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo.Pero las cosas han cambiado. A partir de marzo, en la Ciudad de México (la isla de libertades en el país de prohibiciones, como llama Sabina Berman al DF) ya podrán casarse las personas del mismo sexo que se quieren y desean formar un matrimonio. Además, ya podrán adoptar principitos y princesitas, pero ésta es otra historia, que ya les platicaré más adelante.
Les voy a contar la historia de un rey, que descubrió una forma distinta de conocer y vivir el amor.
El cuento se llama Rey y Rey. Este cuento lo escribieron Linda de Haan y Stern Mijland y está publicado por la editorial Serres.
Érase una vez una anciana reina, un joven príncipe heredero y una gata con corona que vivían en lo alto de la montaña.
La anciana dama llevaba ya varios años reinando y estaba harta y muy cansada.
Un día decidió que antes del verano el príncipe debería casarse y ocupar el trono:
-¡Despierta!, le grito la reina
Tu y yo tenemos que hablar.
-¡No puedo más!, ¡Tienes que casarte y punto !
El príncipe apartó su desayuno. Se le quitaron las ganas de comer porque la reina hablaba…hablaba…hablaba y hablaba sin parar.
-No sé que te pasa.
¡Todos los príncipes se han casado menos tú! A tu edad yo ya me había casado dos veces.
La reina siguió hablando hasta la noche y el príncipe completamente mareado, por fin cedió.
-Esta bien, madre, me casaré. Pero no conozco a ninguna princesa que me guste.
La reina se levanto de su asiento y brindó:
-¡Por tu felicidad!
Aquella noche, la reina buscó su lista de princesas y no hubo castillo, ni alcazar ni palacio al que no llamara.
Te tengo que llevar; sí, tenemos que ir juntas al Museo Franz Mayer donde se está presentando la exposición: "Barbie 50 años de historia, moda y diseño". Imagínate que el domingo pasado la fila para entrar al museo le daba la vuelta a dos manzanas. Parece ser que la exposición está teniendo un éxito tremendo. Dime, María, ¿cuántas muñecas de Barbie tienes? Seré curiosa, ¿por qué te gustan tanto? ¿Por qué juegas más con ellas que con las demás? He allí un misterio que no entendía a cabalidad hasta que descubrí la historia de Barbie. ¿Te gustaría conocerla? Pues bien, permíteme platicártela.
A partir del domingo 11 de enero, comenzaremos una nueva sección titulada Infancia es destino. Ésta hará un recorrido por las infancias más sobresalientes, de políticos, de escritores, de actores y de pintores, compositores, intérpretes, pero también de reyes y reinas, así como de los científicos más connotados. No hay duda de que las experiencias infantiles de los grandes personajes de la historia los han marcado y gracias a ellas podemos explicarnos su vocación, su personalidad así como sus fobias y sus defectos, pero sobre todo sus virtudes y sus pasiones. Cuánta razón tenía el psicoanalista mexicano Santiago Ramírez (1921-1989) cuando escribió: Infancia es destino (tiempo después publicó una obra más con el título Infancia, sí, es destino). Sí, este reconocido médico, sumamente delgado, con sus gruesos anteojos y con su pelo largo, dedicó gran parte de su vida a estudiar las infancias de sus pacientes para darse cuenta de que todos ellos repetían patrones que provenían de una experiencia traumática de su infancia. Dicen que consideraba tan importante esta etapa que la utilizó no sólo para explicar a las personas, sino especialmente a los mexicanos. En 1959, publicó su libro El mexicano: psicología de sus motivaciones, en el que afirmaba que la psicología del mexicano puede explicarse a través de su "infancia", es decir, del trauma de la Conquista. Tal vez por ese motivo, en ese libro escribió: "La historia de México es la del hombre que busca su filiación, su origen".
¿Por qué los mexicanos somos como somos?, ¿a qué le tenemos miedo?, ¿qué nos causa angustia?, ¿por qué actuamos como actuamos cuando viajamos? A todas estas preguntas respondió el doctor Ramírez con el estudio de nuestros orígenes históricos. Los primeros hijos de los españoles con las indígenas nacieron en el total desamparo y víctimas del abandono del padre. Pero resulta que los mestizos idealizaban a su madre indígena en tanto que con su padre tenían sentimientos encontrados. Por un lado veían a su padre español como alguien completamente distante y, por otro, lo admiraban por su valentía y por su capacidad de conquista. Pero también observaban que la madre indígena era vista menos por los conquistadores. Tal vez, de entonces, proviene la soledad que caracteriza a los mexicanos que no pueden encontrar su identidad, pensaba Santiago Ramírez.
Hay que decir que el libro del mexicano fue el primer best seller del psicoanálisis en nuestro País, aunque como decía el doctor Ramírez, en 1952 apenas había un solo psicoanalista en México. Sin embargo, su libro se convirtió en un éxito y, pronto, todo mundo comenzó a explicar a los mexicanos de acuerdo con el psicoanálisis. Más adelante, en 1975, apareció el libro Infancia es destino, el cual a la fecha lleva más de 20 ediciones. Nosotros nos preguntamos: ¿por qué es tan importante la infancia?, ¿a qué se debe que sea tan importante lo ocurrido en este periodo del que a veces no recordamos casi nada?
Como dice el doctor Ramírez: "Los años infantiles se han olvidado; a pesar de ello nos quedan, como en las ciudades perdidas, restos que nos sirven para reconstruir su arquitectura". Curiosamente, Santiago Ramírez fue dándose cuenta de que sus pacientes condensaban sus experiencias en un único recuerdo. ¿A qué se debía eso? Se debía a que ese recuerdo era un símbolo de algo global, es decir, de todas las experiencias de sus pacientes. Pero como decía Sigmund Freud, no es que el paciente "recuerde", sino que en realidad está volviendo a vivir sus experiencias, sus afectos y sus odios. Se diría que las personas no podemos salir de esa pauta y que siempre estamos condenados a repetirla y repetirla y repetirla, así como si fuera el Bolero de Ravel. No, de veras que no exagero, es así como lo dice el autor de Infancia es destino. Digamos que es como el ejemplo que pone el psicólogo Karl Menninger: es como la huella de un oso que perdió algunos dedos hace mucho tiempo en una trampa, pero cada vez que pisa se nota la existencia de esa falta.
¡Ay, pero qué terrible diagnóstico! ¿Querrá decir que de veras es imposible cambiar el pasado? ¿Será tan cierto que infancia es destino? ¿Y ya no habrá manera de cambiar el destino? A lo mejor muchos piensan que el destino no existe y que los psicoanalistas tienden a exagerar. "Ay, no, no es cierto, con el tiempo un adulto puede ir superando esos traumas infantiles. Uno es responsable de su destino". O, como decía Amado Nervo: "Uno es arquitecto de su destino"; a lo mejor piensan algunos de nuestros lectores: "No podemos pasar nuestra vida justificando nuestros errores y estar culpando a nuestros padres". Pues, sí; como dice Santiago Ramírez, los motivos que rigen la conducta son fundamentalmente infantiles y además se encuentran profundamente anclados en el pasado. Y, por si fuera poco, con los años cada persona va creando argumentos defensivos que tratan de encubrir el modelo fundamental de todos nuestros patrones de conducta.
¿Qué quiere decir lo anterior? Pues que así como una persona elige unos cuantos recuerdos para explicar toda su historia infantil, de la misma manera va a elegir también sólo algunos fragmentos de la realidad actual. Es decir que una persona puede recordar un momento en que su padre actuó de manera muy agresiva y autoritaria. ¿Por qué Kaf-ka recordó hasta su muerte cuando de niño su padre lo sacó al balcón y lo dejó allí, como castigo, toda una noche? ¿Por qué en vida volvía a esa experiencia tan triste una y otra vez? Mucha gente cree que la infancia ha quedado demasiado lejos y que de alguna manera ha superado esa etapa. Pero, desafortunadamente, casi nunca es así. Como dice el doctor Ramírez: "Cuando uno se ve abrumado por la repetida, reiterada y sistemática inundación de la infancia de un pasado en el presente terapéutico, es lógico que pensemos que la infancia sí es el destino de la vida de un sujeto".
¿Qué habrá recordado, por ejemplo, Napoleón antes de morir en la isla de Santa Elena?, ¿cuáles habrán sido sus principales recuerdos de infancia? Seguramente se veía a sí mismo en el liceo durante el recreo jugando a que hacía la guerra entre sus amiguitos y ganando muchas batallas mientras lanzaba bolas de nieve. Pero ¿por qué esa obsesión por hacer la guerra y ganar tantas batallas? ¿Y Shirley Temple, cómo se veía, siempre cantando y bailando tap? ¡Qué diferente de la infancia de por ejemplo Rosario Castellanos! Cuando era muy niña, su único hermano murió siendo éste muy pequeño; durante el velorio, Rosario escuchó a su padre decir: "¿Por qué tuvo que ser el varoncito quien muriera y no la niña?". ¡Ay, cómo sufrió Rosario! Dicen que desde entonces, ella pensó que no debería estar viva. Todas las noches, Rosario en su cama se ponía tiesa y contenía la respiración, como si estuviera muerta. Tal vez a ella nunca la abandonó la culpa de estar viva y por eso escribía esos poemas tan desoladores. También el carácter tan tormentoso de Fiodor Dostoievsky tiene que ver con que de niño vio cómo azotaban sin clemencia a un caballo frente a sus ojos. También se dice que en los cuentos de Chéjov aparecen muchos personajes con el carácter despótico de su padre y con la forma de ser resignada de su madre. Asimismo, uno de sus temas preferidos era la falta de dinero, ya que su padre tenía un apego enfermizo por el dinero que ganaba en la tienda familiar. Sin duda, Flaubert es un ejemplo más de niño en el que su familia nunca creyó, pensaban que era idiota porque no se podía aprender de memoria el alfabeto. Por el contrario, Sor Juana creyó en sí misma desde siempre y por eso se obligaba a avanzar en sus estudios y, si no lograba su meta, se cortaba un mechón de pelo como castigo.
Como es sabido, Mozart ya era un virtuoso del piano a los 5 años, pero por desgracia casi no tuvo amigos de su edad, ya que trabajaba como músico con su padre, Leopold, un hombre profundamente autoritario, quien en el único destino en el que creía era en el de su hijo. Pero, por último, permítanme decirles que Santiago Ramírez sí creía que se puede cambiar el destino, pues como él decía: "La labor terapéutica implica modificar el destino, cambiar el pasado por un destino menos traumático". Así que esta sección Infancia es destino nos ayudará a conocer otras infancias y también, tal vez, a comprender un poco mejor la nuestra.
La próxima semana comenzaremos nuestro recorrido por la infancia de muchos personajes con la de Federico Fellini, pues su destino comenzó a trazarse un 20 de enero, día en que nació uno de los cineastas más geniales del cine del siglo 20.
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