Los políticos se quejan de la falta de oportunidad para impulsar su ideario y su proyecto, pero nunca dicen nada cuando teniéndola, la pierden.
Esto último le ocurrió al panismo con los actos conmemorativos del Bicentenario de la Independencia. Dejó escapar la oportunidad de fijar, con motivo de la conmemoración, su idea y estilo de gobierno, su concepto de política y sociedad así como su visión del pasado... y el futuro. A pocos gobiernos se les presentan coyunturas como ésas, el panismo ha tenido dos y ambas las ha desperdiciado: la alternancia en el 2000 y el Bicentenario en este 2010.
Se puede pensar que la frivolidad del foxismo derrumbó la posibilidad de convertir la alternancia en la alternativa y se puede pensar que la falta de organización del calderonismo derrumbó la posibilidad de aprovechar la conmemoración para refundar el país. Ojalá hubiera sido eso.
La posibilidad de atentados tiñó el gusto mexicano por la fiesta
SERGIO AGUAYO QUESADA El País- 16/09/2010
México acaba de celebrar los inicios de la lucha independentista (1810) y de la revolucionaria (1910). El gusto popular por la fiesta, sin embargo, se ha encontrado en choque contra la insuficiencia de quienes nos gobiernan y contagiado de miedo ante la posibilidad de atentados.
Los mexicanos disfrutamos tradicionalmente de las celebraciones y la noche de cada 15 de septiembre la consagramos a la ceremonia de El Grito, una reproducción del llamado que hiciera un cura de pueblo, Miguel Hidalgo, a independizarse de los españoles. Los más audaces se desplazan desde temprano hacia los centros de las ciudades en donde se vive un relajo monumental: vuelan por los aires los huevos rellenos de harina, se multiplican los empujones fraternales y bravucones y se escuchan por doquier los silbatos, las trompetas de plástico, los espantasuegras y todo aquello que provoque estruendo porque, sí: somos un pueblo ruidoso.
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