CAPITULO 15 Biarritz, 24 de octubre… No, definitivamente no; éste es un tema que no podría tratar con don Porfirio. Prefiero quedarme con las ganas que ofenderlo. Lo que pasa es que dicen que, cuando ocurrió, Díaz dio la orden de desaparecer los documentos policiales. Sin duda, se trata de uno de los temas más delicados para él, tal vez incluso más que el de Cananea o los yaquis. Temo entristecerlo con este asunto. Sería normal, no deja de ser un recuerdo muy embarazoso. Es cierto que algunos libros de historia abordan este pasaje de la familia Díaz, pero eso sí, siempre minimizándolo. Ahora que lo pienso, ha de haber sido terrible para don Porfirio. Él, que cuidaba tanto de su imagen, del prestigio de su familia, pero sobre todo del qué dirán, no me quiero imaginar lo que significó para él, que entonces era presidente de la República, este escándalo. Me refiero al baile conocido popularmente como “De los 41”. Ese famoso baile que hizo que en México se estigmatizara esa cifra.
Todo se debió a que el 17 de noviembre de 1901 se descubrió un baile con 41 hombres, la mitad de ellos disfrazados de mujer, bailando alegremente en una casa de la calle de La Paz, hoy Ezequiel Montes, en la colonia Tabacalera. Fue tanta la impresión que se llevaron los habitantes de la Ciudad de México y fue tanto el morbo que suscitó que, desde entonces, esta fiesta se ha convertido en toda una leyenda. Se escribieron novelas, se contaron muchas anécdotas, pero sobre todo se hicieron chistes acerca de este suceso; caricaturas, obras de teatro, canciones y hasta grabados. Igualmente se hicieron versos que se vendían en hojas con ilustraciones en las que se veía a “los 41 maricones” en un elegante baile de sociedad:
Hace aún muy pocos días
que en la calle de la Paz
los gendarmes atisbaron
un gran baile singular.
Cuarenta y un lagartijos
disfrazados la mitad
de simpáticas muchachas
bailaban como el que más.
La otra mitad con su traje,
es decir de masculinos,
gozaban al estrechar
a los famosos jotitos.
Vestido de raso y seda,
al último figurín,
con pelucas bien peinadas
y moviéndose con chic.
¿Qué ocurrió exactamente en esa lejana fecha? Según los diarios de la época, era la noche de sábado para domingo, cuando un gendarme caminaba por la calle y de pronto vio a una pareja salir de un carruaje y entrar a una residencia. “¡Qué rara se ve esa mujer!”, seguramente pensó. Parece que, lleno de curiosidad, se acercó a la casa y se quedó esperando, hasta que llegó otro carruaje, y luego otro, y otro. Dicen que de pronto sintió repugnancia, pues se dio cuenta de lo que estaba pasando. Las mujeres que llegaban no eran más que jóvenes disfrazados de elegantes damiselas. Entonces, el oficial avisó a la comandancia y llegó con otros policías hasta la casa donde se realizaba el baile e hicieron una redada. Eran exactamente 42 personas las que participaban en el baile, aunque luego se dijo que eran 41.
Además había una mujer que se encontraba esa noche, aunque nunca se supo quién era. Curiosamente, siempre se ha dicho que la persona que faltaba, es decir “el participante número 42”, era nada menos que el yerno de Díaz, Ignacio de la Torre, quien estaba casado con Amada, la hija consentida del general. Hay que decir que la casa del baile estaba situada a cuatro calles de la casa de Ignacio y Amada de la Torre, por lo que las suspicacias eran demasiadas. Se cuenta que Emiliano Zapata era el caballerango de Ignacio de la Torre y que, justamente por esta razón, tenía un enorme prejuicio acerca de los homosexuales. En esa época, los “lagartijos”, como se les llamaba a los jóvenes gay que se paseaban por la calle de Plateros vestidos de blanco y pañuelo azul, mientras tomaban el sol, eran vistos como la expresión más evidente de la decadente burguesía del Porfiriato.
Parece ser que el baile era más nutrido de lo que se dice, pues muchos invitados lograron huir por las azoteas. Los prisioneros que causaron más repulsión entre la sociedad de esos años fueron, naturalmente, los que estaban vestidos de mujer, es decir, los que llevaban aretes, maquillaje, pelucas, extensiones en el pelo, senos, vestidos de noche, caderas postizas, zapatos de tacón, las uñas pintadas, bolsos y hasta ropa interior de mujer, como el infaltable corsé. “Pero qué degradante y asquerosa imitación de la mujer estamos presenciando”, llegaron a clamar los periodistas desde las páginas escandalizadas de los dia-rios. Dicen que los prisioneros formaban parte de las familias más conocidas de la época, es decir que todos eran “de familias decentes”, puros “niños bien”. Algunos de ellos fueron obligados a barrer las calles desde la comisaría hasta la estación de Buenavista, y algunos días después fueron llevados a Yucatán para hacer trabajos forzados, de la misma manera que los yaquis que se habían levantado contra Díaz. Como dice Carlos Monsiváis, en un espléndido artículo dedicado a los 41:
Hasta ahora, nada más esto se sabe de la vida gay en el Porfiriato: fiestas “exclusivas”, travestismo que evita la molestia de pensar en la identidad, rifa de jóvenes agraciados y, para los “desenmascarados” por el escándalo, la condición de “sepultados en vida”. Casi toda la información disponible viene del cotejo con los documentos de otras sociedades: ligues de los burgueses con soldados y marinos, adoración de la energía proletaria, imposibilidad de concebir la relación amorosa entre iguales (no hay tal cosa como la pareja gay), identidades sólo definidas negativamente, descubrimiento espantado de la inclinación sexual, rezos obsesivos “para que la Virgen me cure de esta aberración”, frecuentación de ciertas cantinas, parques y albercas, mentiras piadosas en beneficio del padre confesor (“acúsome padre de que me gustan tanto las mujeres que no me caso porque no sé por cuál decidirme”), chantajes, humillaciones, construcción dificultosa de la “familia tribal” de los amigos (“que me delate yo, no mis compañías”). Y antes del Baile de los 41, sólo hay chistes salvajes o menciones espantadas de los “invertidos”, especie que no alcanza registro en los —muy desinformados— libros de psicología. En Inglaterra, los procesos de Oscar Wilde (1895) divulgan sitios, estilos de trato y apariencias de jóvenes “equívocos”, e iluminan la defensa patética y a fin de cuentas extraordinaria del “amor que no se atreve a decir su nombre”; en México, donde los procesos de Wilde se comentan con algún detalle después de 1901, le corresponde a la Gran Redada quebrantar el silencio del tradicionalismo y su odio “que no se atreve a escribir el nombre de los seres odiados. Ni eso merecen”.
Naturalmente, hubo miles de chistes y de canciones, en las obras de teatro había referencias a ese baile, pero sobre todo había actores que aparecían haciendo el papel de “41” en el teatro de revista. Desafortunadamente, como no quedaron documentos al respecto, no sabemos quiénes eran esos 41 personajes que hoy serían héroes del movimiento gay. Además de Ignacio de la Torre, se sabe que a ese baile fueron Antonio Adalid, Jesús M. Rábago, Alejandro Redo de la Vega y el Chato Rugama, un actor de teatro de revista. En las fiestas de entonces no faltaba el chistoso que llegaba con una anécdota de los 41 o con una copla nueva. A veces alguien cantaba en medio de un grupo mientras señalaba a todos los que se encontraban a su alrededor:
Uno, dos, tres, cuatro, cinco,
cinco, cuatro, tres, dos, uno,
cinco por ocho cuarenta,
con usted cuarenta y uno.
Era sin duda un tema que escandalizaba a las personas de entonces y, de manera directa, a don Porfirio, ya que toda la ciudad murmuraba de la situación de su pobre hija Amada, casada con “un 41”.
Cuando salí del hotel La Lusiana, llevaba un sobre en el que guardaba una fotocopia del grabado que José Guadalupe Posada hiciera sobre el baile de los 41, con la intención de enseñárselo a don Porfirio. En él se ven muchas parejas de hombres bailando muy elegantemente una pieza de salón. Todos, hasta los que están vestidos de mujer, llevaban sus grandes bigotes. Pensé que tal vez me atrevería a preguntarle algo al respecto. Pero cuado llegué a la playa de Biarritz y vi a lo lejos al ex presidente sentado, muy serio, no me atreví. Hubiera sido muy cruel de mi parte; se hubiera sentido tan incómodo. Debo decir que su mirada me impuso mucho respeto. “Creo que don Porfirio quiere hablar de un tema más serio que de los 41”, me dije. En efecto, este día el general se encontraba algo serio, incluso hasta distante. Tal vez con estos días de conversación se habían despertado recuerdos más solemnes que los de ese baile. Quién sabe. Don Porfirio era un hombre tan misterioso y hermético que es muy difícil prever sus reacciones.
Ignacio de la Torre




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Publicado por: オテモヤン | 03/27/2010 en 01:07 a.m.
Estimada señora Loaeza:
¿Me podrían informar de dónde procede la referencia de que el Eduardo "El Chato" Rugama estuvo en en la fiesta de Nacho de la Torre? En los periódicos de 1901 no aparece ni su mote ni su apellido. Monsiváis tampoco lo cita en sus textos, ni Novo, ni otros investigadores. Rugama para 1901 era un mozuelo y su efímera fama le llegó hasta fines de la década de los veinte.
Miguel Ángel Morales
Publicado por: Miguel ángel Morales | 03/24/2010 en 07:36 a.m.
Hola Guadalupe:aprovecho la ocasión para comentar algunas pinceladas sobre la vida de Agustín Lara,y en especial con su musa Vyaney Larraga con quien estuvo casado.
Vyaney y yo fuimos novios y nos conocimos desde niños,compartí sus deseos de salir del mundo en que vivía;por cierto que la familia rentaba una vivienda en la calle de Jesús María 21, la abuelita era la conserje de la escuela primaria "la academia", y el papa se dedicaba a ir de feria en feria a jugar los naipes, así que era una muchacha de cuna humilde y con muchas ilusiones.
Todavía guardo la cicatriz cuando jugando me aventó contra unas puntas, que días de recuerdos cuando cuando trabajado en blue and White, empezó con el gusanito del certamen orquídea nacional
pero en otra ocasión te comento cuando Agustín se encerraba en una habitación por tres días.
Publicado por: jose leopoldo ponce de leon | 02/05/2010 en 11:06 a.m.
Muchas gracias
Reciba un saludo
GL
Publicado por: Guadalupe Loaeza | 11/03/2009 en 12:05 p.m.
Ángel:
Muchas gracias por su mensaje. Muy buen dato. Voy a Oaxaca el miércoles y haré todo lo posible
saludos
GL
Publicado por: Guadalupe Loaeza | 10/30/2009 en 12:30 p.m.
hola Guadalupe mi invitación es extensa bueno a proposito de Porfirio Dìaz te invito a que conoscas Miahuatlàn de Porfirio Díaz, Oaxaca, ahí don Porfi tenia un cuartel y regalo a la virgen del Rosario una corona de diamantes si le cumplia el deseo de ganarle a los franceses, si vienes avisame jejeje y te llevo a un tour, mi casa no es muy grande pero cuenta con ella. angel_kapikua@hotmail.com, aparte de que encontras muchas cosas mas sobre la memorable batalla del 3 de octubre...
Publicado por: anngreth | 10/30/2009 en 11:51 a.m.