Gracias a Dios, Joan Manuel Serrat (Barcelona, 27 de diciembre de 1943) está muy sano, ¡más vivo que nunca! Así lo vi la semana pasada en el Auditorio Nacional, en el espléndido concierto Serrat y Sabina: Dos pájaros de un tiro. Ah, cómo me gustó el espectáculo: quería cantar, quería bailar y no dejaba de aplaudir. Eran más de 10 mil personas que tampoco dejaban de cantar, bailar y aplaudir. Los dos cantautores nos impregnaron de buen humor y juventud, pero también de nostalgia. Hacía años que no escuchaba Penélope, de Serrat, o Por el boulevard de los sueños rotos, que compuso Sabina a Chavela Vargas, compositor que de lejos prefiere Enrique; pero la que me puso más melancólica de todas fue una que solía gustarme muchísimo cuando era joven: Cantares (1969), la cual se trata de un poema de Antonio Machado. Y al escuchar aquella estrofa que dice: "Murió el poeta lejos del hogar./ Le cubre el polvo de un país vecino./ Al alejarse le vieron llorar./ Caminante no hay camino, se hace camino al andar./ Golpe a golpe, verso a verso./ Cuando el jilguero no puede cantar/ cuando el poeta es un peregrino,/ cuando de nada nos sirve rezar/ caminante no hay camino, se hace camino al andar./ Golpe a golpe, verso a verso". No sé por qué hasta tuve ganas de llorar, pero al ver tan saludable a Serrat, como si nunca hubiera estado enfermo, cambié de ánimo y junto con él cantaba: "Todo pasa y todo queda,/ pero lo nuestro es pasar,/ pasar haciendo caminos,/ caminos sobre la mar". Ignoro si saben que el también poeta Serrat tuvo cáncer de vejiga, cuya operación lo obligó, hace tres años, a interrumpir la gira Serrat sinfónico. Claro que al escucharnos nos diría: "Que no soy ex paciente, ¡coño, que ni siquiera soy paciente ya!". Cuando estaba enfermo, era como si varias generaciones de españoles y latinoamericanos que suelen cantar con él se hubieran enfermado también. Comprendí que así de importante era Serrat para todo el público del Auditorio. ¿Por qué? Porque sus canciones son un canto a la vida. "Hay una parte importante en esta historia de la enfermedad del cáncer", dijo en una entrevista con El País, "que es el consuelo y la compañía que me dio la gente". Una vez que Serrat dijo a la opinión pública cuál era su mal, le empezó a llegar una gran cantidad de mensajes, algunos prometiéndole curaciones milagrosas; le enviaron medallas, piedras, estampitas. "Estas cosas no las pasa uno solo, las pasa con todo un entorno, y si uno estimula al entorno, éste le devuelve la jugada; así que muchas enseñanzas he obtenido de esta aventura". Hubo algo que el doctor le recomendó que no hiciera más y que a Serrat le pareció atroz: "¡Dejar de beber! Lo llevé bien, tomándome una copa a escondidas durante muchísimo tiempo. Realmente no es que yo sea un bebedor, pero el vino es algo que me gusta. ¡Y no hacía falta que me dijeran lo fundamental: que siguiera activo! No se me ocurrió en ningún momento que tendría que suspender la gira. Me organizaba, entre la clínica y el representante, para que la gira no fuera perjudicada. ¡Y cuando me operaron, enseguida que desperté, aparte de preguntar cómo iba el Barça, lo primero que hice fue calcular cuándo podía reiniciar mis actividades artísticas". No hay duda de que la música lo ayudó a sobrellevar su enfermedad, pero además hubo otra cosa fundamental: "Tengo unos hijos cojonudos y una mujer maravillosa, y unos amigos espléndidos y el afecto de la gente". De ahí que en el concierto estuviera tan contento con toda esa gente que le manifestaba tanta admiración y cariño. Tengo la impresión de que ahora Serrat disfruta mucho la vida, pues además de adorar a su mujer, a sus hijos y a sus nietas, se siguen cantando sus canciones, es un apasionado de Machado y de Quevedo y ha entrado en una gran etapa de serenidad. Hace tres años cumplió seis décadas, pero el paso del tiempo no le preocupa. "El discurrir del tiempo te deteriora, pero es un deterioro del que vas sacando un aprendizaje. Tampoco sé si este aprendizaje es muy útil. La experiencia es un peine que te dan cuando ya no tienes pelo". Al régimen franquista no le gustó nada la idea de que Serrat fuera un cantautor tan rebelde, lo que le valió un prolongado veto en radio y televisión. A Serrat le tocó vivir, como él dice, una época muy oscura de la historia de España. Pero también ha vivido periodos muy ricos y ha visto cómo se han derrumbado los muros de silencio. De las 400 canciones que ha escrito, una de las que más prefiere es la que le compuso a su madre. ¿Por qué a ella? Escuchemos lo que nos dice: "Nace en un pueblo de Aragón, en Belchite; se muere el novio antes de la boda; sale del pueblo para trabajar en Barcelona; estalla la guerra cuando está en Barcelona; fusilan a su padre y a su madre; 30 miembros de su familia son ejecutados, asesinados en el pueblo; ella se dedica durante la guerra a recoger niños y a viajar con ellos por toda España, de arriba abajo; vuelve a Barcelona; se casa con mi padre; vive la tragedia de todos los años de la posguerra, la escasez, el miedo, la persecución; mi padre había salido de un campo de concentración y, en fin, tiene un hijo en el que fija absolutamente todas sus esperanzas. Para ella, resulta que el hijo es un buen estudiante, pero que se busca complicaciones en el franquismo. Con Cançó de bressol traté de darle un beso a esa mujer que, a pesar de todo lo que había ocurrido, seguía soñando con su pueblo. Mi madre hacía las camas cantando y soñaba con ser bailarina, pero no lo soñaba a los 5 años; a los 30 y tantos seguía soñando con ser bailarina". Y del padre, ¿qué nos dice Serrat? "Era un buen hombre, muy bueno. Era muy mañoso, no entiendo cómo de un padre tan mañoso hemos salido tres hijos tan sumamente torpes. Mi padre era extraordinario. Era capaz de fabricar todo lo que había en la casa. Ponía los ladrillos, alicataba los baños, hacía neveras. Era un hombre sabio. Mi padre sabía por qué nacían las cosas. ¡Sabía por qué se encendía la luz!". Serrat pasó toda su vida sin imaginarse que un día sería un profesional. Empezó a escribir canciones porque le gustaba cantar. Y llegó a cantar porque le gustaba escribir. Tenía un grupo de rock, una banda que cantaba desde canciones francesas hasta de los Beatles. Fue gracias a su maestro de zoología que un día decidió ser cantante; el mismo día que tenía que examinarse, él tenía que presentarse a cantar Cançó de matinada para grabarla. Decidió no asistir al examen de zoología. Cuando Serrat decidió cantar en castellano sabía que esto le traería muchos problemas, que su gente no lo aceptaría con facilidad. Hacerlo era como convertirse en el típico "separatista", incluso mucha gente lo vio como un vendido a Madrid. "De hecho, en varios lugares fueron quemados mis discos, y en algunas emisoras oficiales los inutilizaron con cinta adhesiva... Estuve seis años sin aparecer en TVE, y durante bastante tiempo hubo sobre mis actuaciones la amenaza del boicoteo. De esta situación surgieron mis viajes a América y el descubrimiento de un mundo que para mí ha sido fundamental. Llegué a América en 1969, cuando en México está reciente la matanza de Tlatelolco, en Argentina acaba de suceder el cordobazo, en Chile está a punto de producirse el triunfo de la Unidad Popular de Allende. América era un hervidero de cosas. Me interesa mucho lo que ocurre, y mis canciones tienen mucho éxito. Allí me quedé seis meses, y se produce una implicación que me llega muy hondo, porque enseguida empiezan a producirse allí cosas muy dolorosas que me hacen pasar de ser una persona maltratada en España a exiliado en muchos sitios de la propia América. A mí me ha hecho latinoamericano el interés, el conocimiento y el cariño, todo seguido. Te quedas enganchado". Así como nos enganchó a todos en el Auditorio Nacional. Yo quedé más que enganchada con el poema de Antonio Machado, poeta a quien Serrat dedicó un disco que ya es un clásico. Es fácil imaginarse la cara que pusieron los directivos de la casa discográfica Zafiro en 1969 cuando Serrat y su mánager, Lasso de la Vega, les proponen grabar un álbum con poemas de Machado. La poesía, hasta entonces, con música o sin ella, había sido mal negocio. A los pocos meses, el disco fue un gran éxito de ventas e, incluso, los libros de poemas de Machado se vendieron como pan caliente. Este mítico álbum llamado Dedicado a Antonio Machado, poeta es imprescindible en cualquier colección, se sea serratista o no. En él se encuentran las siguientes versiones de los poemas de Machado: Cantares, Retrato, Guitarra del mesón, Las moscas, Llanto y coplas, La saeta, Del pasado efímero, Españolito, A un olmo seco, He andado muchos caminos y Parábola. No nos podemos despedir sin hablar de Machado, nacido el 26 de julio de 1875 en Sevilla. Fue el segundo de cinco hermanos de una familia liberal. Su padre, Antonio Machado Álvarez, "Demófilo", amigo de Joaquín Costa y de Francisco Giner de los Ríos, publicó numerosos estudios sobre el folclor andaluz y gallego. Su madre, Ana Ruiz. Su abuelo, Antonio Machado Núñez, era médico y profesor. En 1883, su abuelo es nombrado profesor de la Universidad Central de Madrid y toda la familia se traslada con él. Antonio Machado completa entonces su formación en la célebre Institución Libre de Enseñanza. Machado interrumpe varias veces sus estudios, afectado por los problemas económicos de su familia tras la muerte de su padre. En 1899, Machado viaja a París, donde vive su hermano Manuel, y trabaja como traductor en la editorial Garnier. Allí entrará en contacto con Oscar Wilde y Pío Baroja. Vuelve a España y trabaja de actor. En 1902 vuelve a París y conoce a Rubén Darío. De vuelta a Madrid entabla amistad con Juan Ramón Jiménez y publica Soledades (1903). En 1907, publica Soledades, galerías. Otros poemas y gana las oposiciones al puesto de catedrático de francés en el instituto de Soria, donde conoce a Leonor Izquierdo, con quien se casó. En 1911, viajará a París con una beca para ampliar sus estudios. Leonor cae enferma de tuberculosis y muere en 1912, lo que sume a Machado en una gran depresión y éste solicita su traslado a Jaén, donde vivirá con su madre dedicado a la enseñanza y al estudio. En 1912, publica Campos de Castilla, obra en la que el autor se separa de los rasgos modernistas que presentaba su obra Soledades y del intimismo hacia el que había evolucionado en Soledades, galerías. Otros poemas, acercándose a los autores de la Generación del 98. En 1917, conoce a Federico García Lorca y, en 1919, se traslada a Segovia. En 1932, se le concede un puesto de profesor en el Instituto Calderón de la Barca, de Madrid. Con el estallido de la Guerra Civil marcha a Valencia. En 1937, publica su última obra, La guerra. En 1939, con la derrota del ejército republicano huye de España y se exilia en Collioure, Francia, donde poco después se produce la muerte del poeta y la de su madre con sólo tres días de intervalo. En su bolsillo se encuentra un último verso: "Estos días azules y este sol de la infancia". Bendito sea Dios, Joan Manuel Serrat.




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