Con motivo de su candidatura a la Presidencia de México, en el año 2000, tuve la oportunidad de entrevistar a Don Gilberto Rincón Gallardo. Un hombre íntegro, un luchador incansable, un hombre que a pesar de vivir en carne propia la discriminación y marginación social, nunca dejó de ser sensible, siempre fue un ser extraordinariamente tierno y cariñoso.El sábado 30 de agosto, falleció este mexicano ejemplar a la edad de 69 años, fue un político entrañable, se desempeñaba como el presidente del Consejo Nacional para Prevenir la discriminación. Rincón Gallardo iba a ser propuesto por el gobierno de México para presidir una comisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se encargaría de verificar la aplicación de normas relacionadas con la discapacidad.Don Gilberto ingresó al hospital para un exámen de rutina y desafortunadamente las cosas se complicaron.
Gilberto Rincón Gallardo y Meltis nació el 15 de mayo de 1939 en la ciudad de México. Sus padres fueron Blanca Meltis y Gilberto Rincón Gallardo, éste último descendiente de una de las doce familias más influyentes del porfiriato.También son descendientes del marqués de Guadalupe y de La Güera Rodríguez, heroína de la independencia mexicana.
Comparto con todos ustedes, la entrevista llena de ternura que me concedió:
"El niño dicta y el hombre escribe". Julien Green
"Fui hijo único. Tuve una infancia muy feliz y tranquila. El recuerdo de mis padres me ha sellado toda mi vida. De niño viví en la colonia Anzures. Primero en la calle Darwin de la Nueva Anzures. Actualmente vivo en la misma casa donde viví entonces. En esa época era una colonia sumamente tranquila. Tanto que todavía recuerdo cuando mi padre sacaba su Buick y lo dejaba a media calle, con el motor prendido, para que se calentara. Entraba a la casa, se despedía de mi madre y de mí. Todo lo hacía con calma. Entonces no pasaba ni un solo coche, ni tampoco un solo ladrón. Mi madre era de Veracruz. Era una mujer sumamente alegre. Jamás la vi enojada. Era muy generosa, paciente, tolerante; siempre estaba contenta. A mí me impactó toda mi vida por una razón; bueno son muchas, pero hay una en especial. Yo nací el 15 de mayo de 1939 con un defecto físico, el cual tuve que enfrentar desde muy niño. Para ello, mi madre fue clave. Con toda paciencia ella hacía que yo solito partiera la carne, me amarrara los zapatos. Para que yo solito pudiera vestirme, me despertaba una hora antes de lo normal. Todavía la veo sentada a la orilla de la cama. Allí se quedaba y veía cómo, poco a poco, me vestía. 'Bueno, pero ¿por qué no me ayuda mi mamá?', pensaba entristecido. En esa época tenía seis años y no entendía por qué mi madre actuaba de esa forma, sabiendo que tardaría mucho tiempo en arreglarme sin su ayuda. Pero ella con toda la paciencia del mundo y sin el menor regaño, me acostumbró a vivir la vida con absoluta normalidad. Esto me ayudó muchísimo. Tanto que si actualmente no paso frente a un espejo, se me olvida que tengo un defecto físico. Yo sé que esto se lo debo a ella y a su ternura que siempre me manifestó. Invariablemente me hizo sentir que llevaba una vida normal. ¿A qué le atribuyo su actitud? A una sola cosa: ternura, mucha ternura. Jamás había enojo de su parte. Recuerdo una anécdota que la pinta de cuerpo entero. Tendría quizá como seis años. En ese tiempo, mis padres solían ir a bailar todos los fines de semana. Un día hubo una fiesta de gala en el Ciro's, el centro nocturno del Hotel Reforma (uno de los lugares más exclusivos del México de los 50, al que asistían los Trescientos y algunos más... y el Jet Set internacional). Mi padre le había comprado a mi madre un vestido largo muy bonito. Era blanco, ¡precioso! Me acuerdo que lo extendió sobre la cama. En seguida se fue hacia su tocador para seguir arreglándose. En esos momentos, no sé por qué entré corriendo en su habitación con un frasco de tinta china abierto en las manos. Corro y me tropiezo. Y antes de caer de bruces en el suelo, se vació toda la tinta sobre el vestido blanco. Me impactó tanto que pensé: 'Hice algo horrible'. Recuerdo que volteé hacia mi madre, esperando el justo regaño, pero no fue así. Ni en su rostro ni en su mirada advertí la mínima contrariedad. Mirándome con mucha ternura, se limitó a decirme: 'Hijito, debes de tener más cuidado'. Al ver que no se había enojado, no obstante le había echado a perder por completo su vestido de noche, su reacción me conmovió a tal punto que me puse a llorar. Y entre más veía el vestido todo manchado por la tinta, más lloraba. Con la alegría que la caracterizaba, buscó otro. Y los dos se fueron muy contentos a su fiesta del Ciro's. No, nunca la vi enojada, ni tensa, ni irritada, ni mucho menos nerviosa.
Mi padre nació en León, Guanajuato. El era un hombre muy conservador, de carácter firme pero siempre reflexivo. El tampoco se enojaba. Puedo decir que mi infancia pasó sin enojos ni regaños. Nunca supe lo que era un golpe físico. En mi casa no había pleitos, ni misterios, ni neurosis. Era una vida tranquila y muy reflexiva. Mi padre trabajaba como contador en la fábrica de cigarros El Buen Tono. Era un hombre muy metódico, disciplinado y sumamente culto. Desde que tenía siete años me llevaba a la ópera. Mucho tiempo después seguí con la costumbre. Me gusta mucho la música clásica. Adquirí el hábito de asistir a todo lo que presentaba Bellas Artes. Claro que cuando vinieron los años de la clandestinidad, de las dificultades y de la cárcel, ya no me era posible. Y ahora con la campaña, pues mucho menos. Para mí, la música es parte fundamental de mi alimento espiritual.
(continuará...)




¡Que aportacion para la sociedad mexicana la labor del Lic Rincon Galllardo! Gracias a personas como El hay algo en lo que creer cuando buscamos un cambio real en nuestro México hastiado de politiquerias y funcionarios blandengues ajenos al significado de los valores tradicionales. Excelente artículo. Gracias
Publicado por: Omar Baqueiro | 06/27/2009 en 02:04 p.m.
abuelo me haces falta fuiste un gran personaje y un gran abuelo
Publicado por: diego rincon gallardo lopez | 09/06/2008 en 09:53 p.m.