El 8 de julio, se cumplieron exactamnete ocho días del nacimiento de mi tercer nieto. Cuando me lo presentaron, me ruboricé. Sí, por increíble que parezca, me dio pena, de allí que lo saludara en voz muy baja: "Mucho gusto. Soy tu abuela", le dije con respeto, pero también con cierto pudor. Lo primero que me llamó la atención fue lo bien peinado que se encontraba. La raya de su pelo dorado como el trigo era perfecta, lo cual le daba un aire muy varonil. Curiosamente, hace treinta y tres años, su padre también había llegado al mundo así de peinadito. Sería mucho exagerar si afirmo que todo él, me pareció hecho a la perfección, hecho por manos de artistas, es decir, creado por unos padres perfeccionistas en el amor. De ahí que físicamente, no le encontrara ni un solo defecto, al contrario, es dueño de una frente despejada, su tez es como de porcelana, sus facciones son finas y elegantes y tiene una boca, la cual, de alguna manera, me evocó a la de Louis Jourdan, un viejo actor francés, guapo como él solo. Observé sus orejas y me felicité que las tuviera tan pegaditas a una cabeza de forma tan distinguida. Pero de todo, todo, me maravillaron sus manos. "¡Qué dedos tan largos y bien hechicitos -exclamé- . Además de que seguramente será un gran violinista o pianista, este niño está guapísimo. No hay duda de que te salen muy bien. Antes de romper el molde deberías de hacer muchos más", le propuse irresponsablemente a mi nuera quien lucía aparte de bonita, feliz de la vida recostada en una cama en la que le daba una luz muy especial. Tenía un semblante tan radiante que más que de un largo y doloroso parto, parecía que acababa de llegar de un día de campo. En suma, madre e hijo, se encontraban en unas condiciones inmejorables. Por mi parte, estaba tan orgullosa y contenta que me quería comer a besos, a ese nieto cuyo nacimiento me rectificaba por tercera vez, el privilegio que significa ser abuela. ¡Bendito rol es el de ser mamá grande en una etapa de la vida que nos permite todavía gozar de nietos posmodernos! Tal como me había sucedido con la llegada de sus dos hermanos, una vez más, le agradecí a la vida, por vivir tan intensamente esta experiencia la cual no se compara con nada. Resulta ya un lugar común, decir que la llegada de un nieto, es como recibir un regalo enviado directamente del cielo, pero sí es. Por lo tanto desde hace una semana me siento plenamente regalada, obsequiada y consentida por la vida.
En agradecimiento, recibo a mi tercer nieto y lo presento con todo mi amor con esta esplendida obra de Pablo Picasso, porque como sabemos, no se puede vivir indiferente ante la belleza.





Estimada Guadalupe,
Muchas felicidades por su tercer nieto, que priviligiados su nuera y nieto de tener una suegra/abuela, que describe tan bien su llegada a la vida, me encanto su forma de expresar esa alegria de recibir a un nieto.
Mi admiracion y ojala alcance a disfrutar y tener la virtud de ser una abuela tan adorable como Usted.
Mis respetos
CC
Publicado por: Claudia Caraveo | 08/09/2009 en 01:24 p.m.