Guadalupe Loaeza
Soñé que me confesaba y que le decía al sacerdote: “Padre me acuso porque cuando me miran lascivamente me siento muy guapa, atractiva y seductora. ¿Usted cree que debo denunciar a las personas que me echan ese tipo de miradas? Lo que sucede, padre, es que a partir del 8 de marzo la mirada ya sea de un hombre o de una mujer podría ser considerada como una conducta ilegal, en el momento que entre en vigor la Ley de Acceso a las Mujeres a una vida Libre de Violencia, es decir, en unos meses más. Ay, padre, a mí me gustan, gozo con ellas…. Me estimulan… por eso me quiero ir a vivir a otro estado de la República en donde no sean castigados los que echan y dicen “miradas y palabras lascivas”, ya que nada más es en el Distrito Federal que entrará en vigor esta ley. A veces le digo a mi marido que ya no me quiere igual y que ya no le gusto. “¿Por qué?”, me pregunta. “Porque ya no me echas miradas lascivas, miradas ardientes, deshonestas, desvergonzadas, impúdicas, indecentes, inmorales, pecaminosas, provocativas y sensuales”, le digo. ¿Cuántos tipos de miradas lascivas habrá, padre? De una cosa sí estoy segura, que los panistas no saben mirar lascivamente. En cambio, los perredistas y los priistas, son campeones en echar miradas lascivas… en este aspecto tienen muchas horas de vuelo…” El padre ya no tuvo tiempo de darme la penitencia, no obstante, en seguida me puse a rezar.




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